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Exposition

Reconstruir refugios


Concurso Nacional de Artes Visuales “𝗣𝗮𝘀𝗮𝗽𝗼𝗿𝘁𝗲 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝘂𝗻 𝗮𝗿𝘁𝗶𝘀𝘁𝗮 𝟮𝟬𝟮𝟯


Artistes:
alvaro acosta
enrique pezo
cle delgado
les egusquiza
gonzalo hernández
fernando nureña
pierina másquez
andrés argüelles
Commissariat de laurent le bourhis
Accompagnment curatorial : ron reyes et laurent le bourhis

Reconstruir refugios est le résultat d’une résidence artistique de deux mois avec des artistes de la scène péruvienne où nous nous sommes interrogés sur ce qu’est un refuge dans l’écosystème de l’art. Il ne s’agit pas ici de préserver l’existant ou de se mettre à l’abri, mais de mettre en œuvre des mouvements et des énergies collectives dans un projet qui privilégie la coopération plutôt que la compétition.  

Vernissage · Mercredi 13 septembre · 19h
Visite guidée · Vendredi 15 septembre · 18h

Camino Real 1075, San Isidro  

Por mas diversidad en el ecosistema del Arte

El título de esta exposición está tomado de un artículo escrito por Donna Haraway en 2016: […] Actualmente, la Tierra está llena de refugiados, humanos o no, lo que viene después no será como lo que vino antes, nuestro trabajo es unir fuerzas para reconstituir refugios. Multitudes (n°65 – Matières pensantes). 
La investigación que desarrollo con Ron Reyes desde hace más de diez años y que realizamos bajo el nombre de Dos Mares está profundamente ligada al ecosistema del arte como objeto de investigación y campo de reflexión. Nuestra materia prima está constituida por los actores del arte contemporáneo, su historia, sus problemáticas y en definitiva, su impacto en nuestras sociedades en mutación. La evocación del término « refugio » por parte de Haraway suscitó de inmediato preguntas en mí, sobre ¿qué podría ser un refugio en el ámbito del arte, ¿porque ella no utiliza el término cobijo? y ¿cómo podría distinguirse un refugio de un cobijo?  ¿Qué ocurre en un refugio que no ocurre en un cobijo?

Para comprender plenamente el significado de esta exposición, debemos distinguir entre los dos conceptos de refugio y cobijo. Es esencial identificar, en nuestro comportamiento ante lo que está ocurriendo, lo que entra dentro de la categoría de protección y lo que genera una dinámica de cambio. Las dos palabras parecen similares en apariencia, pero una está deliberadamente comprometida con una dinámica, mientras que la otra está congelada en la inmovilidad. Esta relación con el movimiento se sustenta en la dimensión colectiva: mientras que el cobijo sólo se justifica en términos de autoprotección, el refugio se construye con un objetivo abiertamente colectivo, porque lo que se hace dentro del refugio debe ser capaz de generar un cambio a escala de un territorio más o menos vasto y una acción sobre nuestras interrelaciones, entre humanos y de manera más amplia entre terrestres, por utilizar el término de Bruno Latour.


No le pedimos a un cobijo que cambie nada, sino que conserve el estado -de preservar- de lo que se resguarda. Lo que se prepara en un refugio es de un tipo distinto al de la mera protección, ya que todas las dimensiones que allí se desarrollan forman parte de una dinámica de alteración e impacto. Mientras que el cobijo tiende a mantener el estado, lo que se prepara en un refugio es del orden de la fabricación de un potencial de transformación del mundo. El refugio se establece, se construye y se piensa dentro de una dinámica compleja: poner las condiciones favorables para acoger la posibilidad de un cambio. Lo mismo ocurre con el gesto artístico, construido sobre una visión singular y una comprensión de las cosas que nos rodean, basada en una percepción sensible.


Si observamos con atención los mundos del arte, aparece lo que también existe en el ecosistema terrestre: un desequilibrio de la biodiversidad. Un empobrecimiento de la variedad de propuestas en favor de un modelo único. Como sabemos, el mercado del arte representa una ínfima parte del ecosistema del arte, pero interviene como un poderoso agente perturbador en los artistas al imponernos un sistema basado en la competencia, en esta situación sería más beneficiosa una mayor cooperación. Un refugio a reconstruir sería crear condiciones favorables a la cooperación, la colaboración y a la complicidad entre artistas. No se trata de invertir la tendencia, sino de desarrollar un terreno no dualista, en el que puedan coexistir la competición y la cooperación. ¿Qué forma podría adoptar una exposición en la que los artistas compitieran a la vez por un premio y trabajaran colectivamente para reconstruir las condiciones favorables a su desarrollo dentro de su medio profesional emancipado del mercado?

Los artistas de esta exposición, como muchos otros en todo el mundo, han comprendido claramente lo que está en juego hoy en día: cuidar los recursos materiales, ya sean humanos o de otro tipo; repensar la producción en su totalidad y, en particular, la sobreproducción de objetos; volver a invitar los ritos a nuestras narrativas colectivas; confrontar la historia familiar con la historia oficial; enriquecer nuestras sociedades con otras sexualidades; aprender del pasado colonial para imaginar alternativas respetuosas de la poblaciones; construirnos nosotros mismos a través de nuestros fracasos; emanciparnos de toda forma de dominación.

Desde el 6 de julio de este año, hemos acompañado a cada artista a través de sesiones regulares de trabajo a distancia, de manera a que cada uno pueda profundizar y enriquecer su propia concepción de refugio y cómo ésta resuena con su propia posición y problemática artísticas.

Para Álvaro Acosta, el refugio se construye en una peluquería de Puno, como en tantas otras ciudades del mundo, un lugar de intercambios y de construcción de una nueva mirada, donde todos se preparan para enfrentarse a un mundo exterior heteronormado y luchar por una mayor diversidad. Cle Delgado revela el lugar dónde reside la dominación masculina y ofrece un espacio para cuestionar el sistema patriarcal a través de la escritura activa, un espacio constituido por la suma de pequeños, inofensivos y esenciales actos de emancipación. Enrique Pezo ofrece una contranarrativa de las fuerzas occidentales en acción desde la colonización, una invitación a repensar las tensiones y la memoria colectiva a través de imágenes y palabras. Les Egusquiza abren un horizonte sonoro hecho de trayectorias, relieves y desplazamientos que permiten una nueva perspectiva poblada de cantos, conjuros, rituales y espíritus. Pierina Másquez Limo propone objetos de sus propios rituales para evocar tanto una memoria colectiva, intangible y ancestral, como la fragilidad de toda materia viva, humana y no humana. Gonzalo Hernández explora los retos a los que se enfrentan los artistas contemporáneos, particularmente bajo la influencia del mercado del arte. El desarrolla un trabajo vinculado a las luchas, éxitos y fracasos de los artistas. El Cuevaverso, de Andrés Argüelles Vigo, aporta pruebas potenciales para la construcción de un probable espacio de victoria, refugio de deseos truncados que reivindican igualmente su propio valor histórico. Fernando Nureña propone un gesto en el espacio público, palabras que suscitan en cada uno de nosotros preguntas sobre lo que estamos haciendo, las consecuencias de nuestros actos, por pequeños que sean, porque como todos los elementos presentes en la tierra, modificamos nuestro entorno tanto como él nos modifica a nosotros.

Cada uno de ellos nos ofrece una visión del mundo, su punto de vista singular desde el que podemos mirar lo que nos rodea, verlo y redescubrirlo al mismo tiempo. Y nosotros, en tanto que artistas-curadores, donde nuestro campo de reflexión es el propio ecosistema del arte, en Francia por supuesto, pero también en las diferentes partes del mundo donde colaboramos, nos hemos interesado al estatuto del artista en Perú, el valor de su trabajo y las maneras para perennizar su gesto y su compromiso. En Perú como en otras parte del mundo, la fabricación de obras es a menudo cubierta por las estructuras, galerías, instituciones, que invitan a los artistas, como es el caso en esta exposición. Por otro lado el trabajo cotidiano de investigación y de reflexión del artista casi nunca es remunerado. Nos pereció esencial realizar un acto simbólico de reconocimiento profesional y de solidaridad. Hemos decidido de compartir una parte de nuestra remuneración por el trabajo curatorial con los artistas por el tiempo dedicado a su reflexión, investigación, a lo invisible de esta exposición. Una tentativa de respuesta a lo que puede ser un refugio en el arte actual.

Como todos sabemos, ya no se trata de evitar verse afectado y salir airoso sin demasiados rasguños, sino de llevar a los demás con nosotros en una dinámica de transformación y retroacción. En este sentido, los objetos producidos no pueden contentarse simplemente con ser vistos, consumidos y luego desechados, sino que deben llevar en sí mismos un potencial de cambio, una visión tan fuerte que traiga consigo acciones, colectivos, la certeza de que debemos comprometernos en una dinámica regeneradora.

Dans le cadre du concours « Pasaporte por un artista » organisée par l’Alliance française de Lima avec le soutien de l’Ambassade de France au Pérou.

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